Diferencias entre disparar película o digital.

Hola a todos.

No voy a hablar hoy de si es mejor la fotografía analógica o digital, porque creo que es una tontería debatir sobre eso. Cada modalidad tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, todo depende de qué queremos obtener de nuestras fotografías. Sería impensable hoy en día un reportero en medio de un fregao en Libia disparando carretes como un loco y mandándolos a revelar por correo postal a la redacción. Y sin embargo nos encanta la estética y la historia detrás de las fotografías de guerra de Robert Capa.

No creo que Manu Brabo tenga muchas ganas de pasear por este barrio con una tonelada de carretes en la mochila (fotografía sacada de El Mundo)
Ni creo que esta imagen de Robert Capa tuviera la misma fuerza sin la imperfección que le da el grano y el desenfoque.

No, de lo que voy a hablar es de mi experiencia en el salto de la fotografía digital a la fotografía analógica. Porque hay aspectos que son iguales, usemos la máquina que usemos (la composición, por ejemplo), pero hay otros que son muy diferentes. Y voy a hablar de aspectos prácticos, no de los resultados estéticos. Porque para gustos, colores… y en los colores sí que mola más el analógico.

Como os decía en mi primer post, yo vengo de la fotografía digital. Es cierto que tuve un par de cámaras de carrete antes de “digitalizarme”, pero no se puede decir que aprendiera mucho como fotógrafo de aquella etapa. El caso es que, como sabéis, desde hace unos meses he pasado de llenar tarjetas de memoria con unos y ceros, a disparar carretes como si no costaran.

Y creo que esa es, al principio, la gran diferencia. El número de fotografías que puedes hacer con una digital es prácticamente ilimitado. Con la cámara que suelo usar ahora, y la tarjeta de memoria que llevo, dudo que en un día normal de fotografía me quede sin espacio. Mientras que con la analógica, tengo 36 exposiciones para hacer. Punto.

Eso, junto con la pantalla que llevan las digitales, son para mí lo que más condiciona un estilo u otro de hacer fotografía, a nivel práctico (a nivel estético es otra historia). En digital hemos cogido la costumbre de disparar sin pensar mucho, y corregir después de ver el resultado en la pantalla. “Haz muchas fotos, que alguna valdrá” es un consejo muy repetido. Ojo, que para mejorar en fotografía, sea analógica o digital, hay que disparar mucho. Pero si haces fotos a lo loco “que alguna valdrá” con una cámara analógica, prepara billetes para pagar carretes y revelado…

En Letonia, cuando quería sacar el fogonazo de un disparo de cañón, con poner el modo ráfaga y seleccionar la velocidad adecuada, estaba hecho. Buscaba entre 30 o 40 fotos la buena, y a publicar. Impensable con un carrete.

Nikon D4S, 500mm, 1/1600 f6.3 ISO 800.

Con los primeros carretes que disparé, me tomé muy en serio eso de que las fotos analógicas deben estar más pensadas. Tienes menos oportunidades y hay que aprovecharlas. Así que medía la exposición con más cuidado, escogía mejor el motivo y el encuadre, y la verdad es que los resultados mejoran. El ratio de fotos decentes por número total de fotos hechas es bastante bueno. Es cierto que después, investigas cosas nuevas y me ha podido un poco el ansia de fotografiar, disparando un poco más a lo loco, sobre todo después del encierro en casa que hemos tenido. Espero que pasado este “ansia viva” que he sufrido, vuelva a pensar las fotos como en aquellos primeros meses. Porque obligarte a pensar más las fotos, es una de las ventajas importantes de disparar película.

Otra diferencia importante es a la hora de exponer. Lo primero que echas de menos es poder cambiar la ISO según van cambiando las condiciones de luz. En analógico, pones un carrete, seleccionas la ISO y la debes mantener para todo el rollo. He escuchado que se puede cambiar la ISO entre diferentes exposiciones, y luego hacer revelado desatendido, pero eso, por el momento, no es para un “novato analógico”. Así que tienes que elegir el carrete adecuado para las fotos que tienes pensado hacer (vaya vaya, volvemos a hablar de pensar las fotos…). También tienes que decidir si vas a disparar color o en blanco y negro. No nos vale eso de “dispara siempre en color y, si no mola, lo pasas a blanco y negro con Lightroom”.

Con la digital, suelo disparar en modo prioridad apertura, para controlar la profundidad de campo. No me supuso mucho problema adaptarme con la Canon AE-1 Program, puesto que tiene también este modo de trabajo. Y eso me lleva a otro concepto muy manido y muy de “talibán” fotográfico, ese de que los buenos fotógrafos trabajan en modo manual. Bueno, pues como al final de lo que se trata en la fotografía es de contar cosas, si una fotografía nos transmite lo que el autor desea, nos da bastante igual el modo que haya usado. Como si es una foto de móvil. Por lo tanto, no tengo ningún problema con usar los modos automáticos de la cámara, si los tiene.

Y digo si los tiene, porque si te metes en el mundo analógico, al final acabas por comprarte uno de esos trastos molones viejunos completamente manuales (una RMVR, ¿recordáis?). En mi caso, ha sido una Lubitel 166U. Y ahí no tienes escapatoria. O aprendes a exponer en modo manual, o la usas de pisapapeles retro. Y volvemos al concepto de antes. Hay que pensar más las fotografías y, así, aprendes mucho.

Lubitel 166U, Ilford HP5 400 de 120, estimando la exposición con “Sunny 16”.

La última diferencia grande para mí, es a la hora de obtener los resultados. En el mundo de los unos y ceros, todo es muy inmediato. Hago la foto, la edito y la comparto en un tiempo muy breve. También es verdad que esa foto es probable que quede olvidada para siempre en un disco duro, en la memoria de un móvil, o en la galería de Instagram. Las fotos de carrete, tienen un proceso más laborioso. Cuando se acaba el carrete (y eso no siempre coincide con el final de la sesión), va a la nevera. Luego, hay que sacar tiempo para revelar, o enviarlo a un laboratorio. Después de revelar, hay que, o bien digitalizar los negativos, o positivar y pasar las fotos a papel. Puede parecer más cañazo que el proceso digital, pero la verdad es que a mí me da mucha pereza sentarme delante del ordenador a revelar digital (uso Lightroom), mientras que me entretiene mucho revelar carretes.

En mi caso, lo que estoy haciendo es revelar en casa y escanear. Luego retoco un pelón luces y contraste, si lo veo necesario. Los resultados del blanco y negro, son bastante satisfactorios, en color, no tanto. Me estoy planteando enviar a revelar el color. Y, lo del positivado, seguro que vendrá con el tiempo.

Hay otras pequeñas diferencias que me he encontrado al volver a disparar carrete. Algunas son chorraditas, pero que te hacen perder el momento de una buena foto, como la costumbre de darle a la palanca de pasar el carrete. Los viejunos, hemos perdido ese gesto automático. Los jovenzanos, no lo conocieron. ¿Pero a quién no le gusta el sonido de una réflex de carrete?

Y creo que estas son las diferencias más reseñables que me he ido encontrando entre ambos estilos de fotografía. Como he dicho al principio, no se trata de que una sea mejor que la otra. Se trata de disfrutar de la fotografía de maneras diferentes.

Saludos.

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